AS TEARS GO BY

Escrito por voiceover 02-10-2007 en General. Comentarios (0)

 

 

 

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T.o.: Wong gok ka moon

Director: Wong Kar-wai.

Guión: Wong Kar-wai.

Intérpretes: Andy Lau, Maggie Cheung, Jacky Cheung, William Chang, Kau Lam, Alex Man, Ronald Wong.

Música: Ting Yat Chung y Teddy Robin Kwan.

Fotografía: Lau Wai-keung.

Hong-Kong. 1988. 98 minutos.

 

Desde que Wong Kar-wai se subiera en 2001 a los altares del cine autoral con la sugerente aunque sobrevalorada In the Mood for Love, parece que nadie se atreve a toserle. Así que si nos remontamos década y media a esta su opera prima tras las cámaras, merodean muchos comentarios prototípicos que nos hablan de la presencia de “las primeras improntas de estilo del realizador de 2046”. Comentario recurrente que por un lado resulta una obviedad, y por otro, es más bien rebatible: Wong gok ka moon (conocida internacionalmente con su título en inglés, As tears go by, y que en España ciertos foros le adjudican el título de El fluir de las lágrimas, título oficioso, pues el filme nunca llegó a estrenarse aquí) nos habla de amor y violencia, bordeando a menudo la senda del romanticismo más exacerbado, pero su construcción narrativa y los estilemas visuales de que participa se imbrican principalmente a las constantes género policiaco en el que el realizador de My Blueberry Nights se forjó en su cinematografía por allá en los ochenta.

 

         La temática de As tears go by remite poderosamente, al menos al espectador occidental, a aquella ópera primeriza de Scorsese, Mean Streets. Como en aquélla, nos situamos en las bajas esferas del hampa –aquí hongkonesa-, y conocemos a personajes jóvenes estigmatizados por su entorno violento, en cuyo seno las ansias de redención del protagonista (allí engarzadas a un discurso religioso pero también, como aquí, personificadas en una figura femenina de la que el protagonista se enamora) se ven constantemente torpedeadas por la escasa pericia profesional/relacional de su amigo y protegido (en este caso, un supuesto hermano menor; en el caso de Mean Streets –para más inri-, el hermano de la mujer que ama). La tensión insuperable que atañe al protagonista, Wah (Andy Lau), entre la Devoción (su prima y amada, Ngor -Maggie Cheung-) y la Obligación (guardar las cada vez más malquistas espaldas de Fly, ese personaje interpuesto encarnado por Jacky Cheung) edificarán, lento pero seguro, un fatal desenlace, trágico destino sobre el que el filme traza asimismo una representación de vocación social, sobre la imposibilidad de un peón mafioso de huir de su entorno.

 

   Lo que sucede con el guión del propio Kar-wai es que, a pesar del innegable interés de sus motivos climáticos, está poco trabajado, razón por la que el filme arrastra ciertos problemas de arritmia: en la descripción del delincuencia cae a menudo en el tópico más manido del cine para teenagers; y en lo que concierne a la historia de amor, se despliega de un modo más bien abrupto, mal estructurada la concatenación entre los pasajes iniciales que muestran los escarceos de los protagonistas y la culminación romántica que se produce en el segmento final de la función.

 

         Mejor nota se lleva el Kar-wai realizador, cuyas improntas estilísticas participan de un cierto gusto por la experimentación a menudo marcado por el exceso. Como corresponde a un hijo de la cinematografía de Hong-Kong, la escenificación –y especialmente los pasajes de acción- se caracteriza por elaborados, constantes y variopintos juegos con la composición del plano, con el ralentí, con la fotografía, con el montaje, que dotan a las imágenes de una marcada naturaleza teatral y que enfatizan, a partir de medio metraje, el sino infausto que concierne a los personajes (véase p.ej. la secuencia en la que Ngor espera a Wah junto a las escalinatas del embarcadero). En oposición con las coreografías de la violencia se erigen los escuetos planos que describen la historia de amor, que abrazan la pasión más ponderada en esa secuencia culminante –el beso en el interior de una cabina telefónica- pero también ciertos destellos a la sugerencia en las pocas set-pièces donde imagino que ciertas facciones de la crítica vislumbran el talento creador impreso en In the mood for love. Lo más gracioso del caso es que toda esa relación amorosa se cimente alrededor de un leit-motiv musical extraído de… un blockbuster americano (la canción Take my breath away de Top Gun (¡!)): que tan empalagoso ardid (¿guiño? ¿broma?) cinematográfico termine por funcionar, como así sucede, es, creo, uno de los mayores méritos del director.