LA SERPIENTE Y EL ARCO IRIS

Escrito por voiceover 26-07-2007 en General. Comentarios (0)

 

 

 

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T.o.: The Serpent and the Rainbow.

Director: Wes Craven.

Guión: Richard Maxwell y Adam Rodman, basado en la novela de Wade Davies.

Intérpretes: Bill Pullman, Cathy Tyson, Zakes Mokae, Paul Winfield, Brent Jennings, Conrad Roberts.

Música: Brad Fiedel

Fotografía: John Lindley.

EEUU. 1988. 95 minutos.

 

La primera consideración que viene al caso al respecto de la película, consideración fácil e ineludible, tiene que ver con los referentes temáticos de una obra que, como ésta, habla de magia negra y procesos de zombificación desde una perspectiva reconocible bajo parámetros de no ficción (que cabría anteponer a los zombies romerianos): hablamos de los mitos y leyendas de tierras caribeñas, y pensamos en títulos como Los Creyentes, de John Schlesinger, o, sobretodo, ese invencible clásico del cine de serie B de todos los tiempos que rubricó Jacques Torneur, I walked with a zombie. Claro está, no hay otro parangón que el que se refiere al universo legendario o fantástico, pues estamos hablando de otros tiempos y otros mecanismos industriales (y otros genios cinematográficos, of course), pero no es menos cierto que The Serpent and the Rainbow puede en cierto modo considerarse una obra de filiación menor (¿serie B?) dentro del panorama fantástico de la década de los ochenta, una película que funda su interés precisamente en lo insólito de su temática, en la funcionalidad escenográfica y en los recursos artesanales que se ponen en liza, sin duda una película barata, rubricada por Wes Craven, un director de curiosa trayectoria en el cine de género, pues convirtió en blockbusters (y sagas, y productos) a dos filmes tan low-budget como fueran en su día Scream y A Nightmare on Elm Street. Precisamente en la época de mayor ebullición comercial de Freddie Krueger, su primer artífice se desmarcaba del circo de secuelas con productos del talante de esta The Serpent and the Rainbow, filme (e intenciones) que, sin ir muy allá, merecen el digno reconocimiento precisamente por su voluntad de no atrincherarse en la cómoda cuadrícula del establishment.

 

Al ser quien es su director y al venir la película referida al mundo de la zombificación, rápidamente se le colgó el marchamo de filme de horror. En mi humilde opinión nos hallamos más bien ante un producto de aventuras salpicado con pequeños detalles macabros (principalmente, la truculencia de los clímax oníricos que atañen al protagonista): se nos está narrando la historia de un viaje a un paraíso exótico, un proceso de descubrimiento; en ese sentido, Pullman no deja de antojárseme como un sosías de Indiana Jones sin sombrero y látigo (ni carisma), metido en una cruzada no tan lejana a la que se desarrollaba en el segundo capítulo de aquella saga, en aquel temple of Doom.

 

Craven siempre fue un realizador más dotado para la impresión de ritmo que para cualquier otra cosa, y ése es el punto fuerte de esta película: la agilidad con la que se va perfilando la trama, la cierta pericia en la visualización y narración del contexto socio-histórica (por mucho que conforme se desarrolle la narración este afán descriptivo se vaya disolviendo), y la cierta imaginería fantástica que el filme “descubre”. Cierto es que en los últimos compases la película pierde todo interés (sin ir más lejos, el clímax final es desopilante), pero ello no desmerecen las pequeñas virtudes de un filme de vocación humilde planteado con mucha más gracia de la que nunca tuvo ninguna secuela de película slasher para adolescentes. Y además, tiene un bonito título (homónimo al de la novela que adapta, cierto es, pero que se libró de la tentación comercial de, pongamos por ejemplo,  Zombies de Haití, o  Enterrado vivo, o algo así...)