VOZ OVER

JOEL_Y_ETHAN_COEN

NO ES PAIS PARA VIEJOS

Escrito por voiceover 25-02-2008 en General. Comentarios (1)

 

 

http://voiceover.blogdiario.com/img/nocountry.jpeg

 

 

T.o.: No country for old men.

Director: Joel & Ethan Coen.

Guión: Joel & Ethan Coen, basado en la novela de Cormac McCarthy.

Intérpretes: Tommy Lee Jones, Javier Bardem, Josh Brolin, Woody Harrelson, Kelly McDonald, Tess Harper, Barry Corbin.

Música: Carter Burwell.

Fotografía: Roger Deakins.

EEUU. 2007. 108 minutos.

 

Tras la concesión de los Oscar, y siguiendo la estela interminable de premios que le están cayendo en suerte al bueno de Javier Bardem por su papel en la película, habrá quien acuda a ver la última película de los Coen con ese reclamo. Supongo que puede decirse que a este sector del público no le defraudará el rol de psicópata de visos freakies que Bardem asume en la película, pero quizá sí lo haga la cabalgada narrativa de la película, esa progresión de los acontecimientos de apariencia tan y tan implosiva, y esa última secuencia, ese desguace contemplativo de los acontecimientos, puntilla definitiva para que abandonen la sala del todo desconcertados. Si por esa razón no le encuentran mérito a la cinta, no seré yo quien me moleste en rebatirles. Si en cambio pretenden hallar un encaje a esos sentimientos encontrados, les haré una sencilla recomendación: que busquen y lean la novela homónima de Cormac Mc Carthy en la que está basada la cinta.

 

Si lo hacen convendrán conmigo en dos razones fundamentales: una, que Joel y Ethan Coen interiorizan en el poso de las imágenes del filme las que habitan en la extraña lírica de Mc Carthy (y que por tanto, llevan a cabo una versión muy pero que muy fiel al sustrato literario); dos, que el denuedo de los creadores de Barton Fink en semejante empeño supone la asunción de no pocos riesgos, por cuanto la historia que se plantea en la lacónica gramática de No country for old men es bien compleja, y, lejos de su apariencia inicial, mucho más rica en líneas reflexivas que en la mecánica pura de la intensidad. Sí, Cormac Mc Carthy exige del lector tanto como llega a ofrecerle, y los hermanos Coen se doblan a esa máxima (probablemente incómoda para el espectador-tipo, que suele ser acomodaticio), y lanzan un diálogo en bruto que exige el esfuerzo del espectador por pulirlo.

 

Y llegados a este punto, convengan o no conmigo, estoy por decir que No country for old men es una de las mejores películas de los Coen,  quizá la mejor desde Barton Fink. Por el talento impreso en esa asunción de riesgos de la que hablaba, en las imágenes de esta historia presidida por crepúsculos emocionales (de las que, como sucedía en el libro, de primeras sólo obtenemos leves referencias en la voz over del personaje del sheriff Bell), que va mudando de formato genérico en una progresión improbable, que perfila la historia de un modo inductivo, de lo concreto a lo abstracto, de la realidad a su figuración subjetiva.

 

Nos hallamos en territorio fronterizo. Los planos panorámicos del árido desierto que abren la película son un modo perfecto de presentación del contexto. Allí, un cazador y veterano de Vietnam, Llewelyn Moss (Josh Brolin) descubre accidentalmente los restos de una escaramuza sangrienta con varias personas implicadas, una transacción de drogas que terminó mal, a tiros. Amén de rancheras llenas de agujeros de bala y de cuerpos sin vida (salvo uno, aún exangüe), Moss encuentra una maleta llena de dinero, una escandalosa cantidad de dinero. Moss pretende huir con él, pero calcula mal su huída (regresa al escenario la noche siguiente, no se sabe por qué clase de remordimientos de conciencia: si desea auxiliar o rematar al individuo que encontró exangüe); deja una pista, que sigue de lejos el sheriff Bell (Tommy Lee Jones), y de muy cerca el asesino Anton Chigurh (Bardem). El filme se va desplegando como una suerte thriller de escenificación seca, una pursuit story, una caza al hombre, caracterizada por el interminable reguero de víctimas que va dejando el implacable Chigurh y por la cada vez más acuciante situación de Moss, cuyas técnicas pronto merecen el epíteto de castrenses, pues el enemigo que le hostiga le obliga a adaptar a “la jungla  de asfalto” (los moteles y calles de localidades tejanas donde transcurre la trama) estrategias que se dirían propias de la guerra de guerrillas –a este respecto, no es anecdótico que haga valer su condición de Vietnam vet para salvar un gran obstáculo: el control fronterizo-.

 

Así que hay una carga eminentemente simbólica en la naturaleza de los actos de los dos antagonistas. El perseguido, con quien podemos aliarnos en su porfía más elemental por sobrevivir, no puede convencernos en el apartado de sus motivaciones -intrínsecas del género noir-, que sólo tienen que ver con una ambición sin límite, que lleva a un hombre corriente a cruzar tantos puentes sin retorno. El perseguidor, Chigurh, no tiene nada de corriente: es un ser sobrenatural –atiéndase al modo en que se ocupa de sanarse a sí mismo-, la personificación del mal, de un hado terrible vestido de azar –atiéndase al leit-motiv del juego con las monedas-. Y un poderoso nexo les une y se plasma en la fiereza de las imágenes: la violencia. Abominable, interminable violencia.

 

Pero esa carga simbólica, que nos ha sido concienzudamente explicitada, sólo se hace visible en el desenlace de la historia, desde el preciso instante en que la narración alcanza su cauce. Y ese cauce no es otro que el sheriff Bell, agente de la ley en un lugar sembrado de violencia abominable, interminable. El sheriff Bell, su perspectiva, su condición. Es evidente: No country for old men es la historia de Bell, y su pérdida de asideros, su renuncia. La vieja tradición que representaba está presta a desaparecer. Las drogas, la pena de muerte (que en el libro tiene más peso), el pulso interminable de esa violencia en el cotidiano le vence. El miedo, la incomprensión, deciden por él. Cormac Mc Carthy, uno de los más célebres eremitas de la literatura norteamericana, nos habla de derrotas humanas, claro, y en su translación al lenguaje cinematográfico son incontestables las opciones narrativas escogidas por los Coen para alcanzar esa tesis. Atiéndase al modo en que la cámara “se aleja” y abandona a su suerte los personajes que poco antes protagonizaban la trama: al hombre corriente apenas alcanzamos a verle muerto en un plano esquinado y fugaz, a su esposa la dejamos en manos del asesino y la elipsis, al Mal le vemos huir hacia delante, como le corresponde, sin que ya nos interese dónde le llevarán sus pasos... Plegándose a la osadía argumental de la novela, llevándola a sus últimas consecuencias, incluso se permiten comprimir el desenlace de la narración, respetando, eso sí, su último pasaje, sus dos últimas páginas, la secuencia final. Que sigue desconcertándonos, sí, porque es hermético como la propia decisión de Bell, pero que quizá nos arrastre en su vocación lírica, bajo la que asoman teorías deslavazadas –las que se funden en el espíritu de un hombre cansado- sobre el humo de la Historia, en este caso sobre los mecanismos económicos que dan lugar a la depredación humana, sobre las perniciosas dinámicas inmigratorias en una coda de desigualdades económicas, o sobre los fantasmas de la guerra en la población civil.

 

CRUELDAD INTOLERABLE

Escrito por voiceover 19-04-2007 en General. Comentarios (0)

 

 

 

http://voiceover.blogdiario.com/img/cruelin.jpeg

 

 

 

        

T.o.: Intolerable Cruelty.

Director: Joel Coen.

Guión: Joel y Ethan Coen, Robert Ramsey y Matthew Stone, basadoen una historia de Ramsey, Stone y John Romano.

Intérpretes: George Clooney, Catherine Zeta Jones, Billy Bob Thornton, Geoffrey Rush, Cedric the Entertainer.

Música: Carter Burwell.

Fotografía: Roger Deakins.

EEUU. 2003. 101 minutos.

 

Los hermanos Coen se atreven a revisitar y dejar su impronta personal y cínica en el género de la comedia romántica clásica. Intolerable cruelty escarba en la vida de un abogado matrimonialista de éxito entre las esferas del Beverly Hills más chic, que se verá envuelto en primera persona en una triquiñuela tan cruel e intolerable como las que profesionalmente maquina para llevar a buen puerto los casos judiciales de separación.

 

         Se ha dicho y no sin cierta razón que esta película marca un cierto impasse en la trayectoria de Joel y Ethan, en el sentido que ceden parte de su personalidad al andamiaje industrial de Hollywood (lo cual no deja de tener su gracia atendiendo al objeto risible de la película). Sin embargo, los Coen dejan huella allá donde pisan, y lo último que se deja apreciar de esta película es su convencionalidad, menoscabada con más saña de la aparente en una retahíla de personajes y situaciones jocosas (o no) tales como la declaración judicial del bizarro monsieur de un balneario suizo, el ritual a la postre mediático del detective de color que persigue pruebas audiovisuales para el abogado que interpreta Clooney, el asesino a sueldo asmático (que terminará su papel en uno de los gadgets más desternillantes visto en el cine en los últimos años), el aperitivo de Bob Thornton en forma de capítulos matrimoniales con chile, o  aquellas secuencias en las que aparece el jefe nonagenario (cuanto menos) del bufete, que habita en los sótanos de la oficina, y que provoca pavor incluso a nuestro endemoniado protagonista.

 

         Todo ello, a la postre, son artilugios risibles y cínicos que los Coen bros. despliegan con soltura y un magnífico pulso rítmico en esta apreciable comedia que se ríe de abogados y clientes, de maridos y mujeres, en definitiva de sistemas de vida tan opulentos como neuróticos, tan brillantes en su superficie como a la postre perniciosos para propios y extraños. Una tesis fácilmente asible refiere con saña que los clichés de la otrora gloriosa sophisticated comedy se vuelven de lo más turbias al traspolarse al establishment matrimonial, judicial (, social) actual de aquel lugar vencido por el glamour.

 

THE LADYKILLERS

Escrito por voiceover 16-04-2007 en General. Comentarios (0)

 

 

 

http://voiceover.blogdiario.com/img/ladyk.jpeg

 

 

T.o.: The Ladykillers.

Director: Joel Coen.

Guión: Ethan Coen.

Intérpretes: Tom Hanks, Irma P. Hall, Marlon Wayans, J. K. Simmons, Tzi Ma, Ryan Hurst.

Música: Carter Burwell.

Fotografía: Roger Deakins.

EEUU – 2004 – 113 minutos.

 

Mucho se ha escrito sobre la singular filmografía de los Coen, pero parece que esta ocasión resulta al efecto, y válgase la redundancia, singular, puesto que The Ladykillers es un remake puro y duro de un celebérrimo clásico de la Ealling inglesa, por estos pagos conocida por el título de El quinteto de la muerte.

 

         En la translación al universo Coen, la historia se vertebra narrativamente de modo similar a su ilustre precedente, si bien las diferencias de primer orden se revelan en su ubicación temporal y espacial. Temporal, en la actualidad (¿?), y espacial, en una imposible población del sur norteamericano, a las orillas del Mississippi (y digo imposible porque el filme hace hincapié en la preeminencia social de la comunidad negra, adornando la función con una banda sonora y motivos de raigambre claramente negra –soul, gospel,...-).

 

         El filme empieza con una serie de sketches, más o menos afortunados,  de presentación de los personajes, y va hilvanando la trama en ese tono caricaturesco característico de parte de la filmografía de los Coen, que tiene el mérito de superar, a medio metraje, la distancia entre la sucesión risible de gags y la auténtica narración de una historia. En efecto, The Ladykillers parece recorrer una senda rítmica extraña, pero su trama (por lo demás ya conocida) va ganando interés con el transcurrir de los minutos de metraje.

 

         Sin poder situarlo entre las mejores piezas de los hermanos Coen, entre otras cosas porque el filme revela a las claras su filiación de puro divertimmento estilístico, sí que se aprecian los habituales detalles de clase en la puesta en escena de los realizadores de Barton Fink, detalles como la utilización del retrato del difunto marido de la anciana protagonista, el homenaje al tono sombrío del original versionado en los planos nocturnos en que se muestra una huída de la vivienda (ya sea del gato o de uno de los ladrones) o el despacho de los cadáveres en un abrevadero marítimo (que deviene la coda de la película, trasladada de la vía del tren en el original). Quien suscribe la presente también aprecia las jocosas, por excesivas, interpretaciones de Tom Hanks e Irma P. Hall.

 

 

BARTON FINK

Escrito por voiceover 16-04-2007 en General. Comentarios (0)

 

 

 

http://voiceover.blogdiario.com/img/bartonf.jpeg

 

 

T.o.: Barton Fink.

Director: Joel Coen.

Guión: Ethan y Joel Coen.

Intérpretes: John Turturro, John Goodman, Judy Davis, Michale Lerner,  John Mahoney, Jon Polito.

Música: Carter Burkwell.

Fotografía: Roger Deakins.

EEUU – 1991 – 114 minutos.

 

 

El bagaje cinematográfico de los hermanos Coen –siempre interesante, para quien escribe estas líneas- y la perspectiva que nos deja veintitantos años de tan variadas películas no alberga dudas de que los realizadores neoyorkinos alcanzaron su cénit en sus consecutivas Miller’s Crossing y esta Barton Fink.

 

Barton Fink es un viaje, sobrio, sórdido, alucinógeno, a las entrañas de su homónimo protagonista, sesudo autor teatral traspuesto a escritor-sin-ideas de guiones de serie B en Hollywood (temática que nos ha dejado en los últimos años, amén de la que nos ocupa, películas tan estimulantes y trufadas de ingenio como Bullets over Broadway de Woody Allen o Adaptation de Spike Jonze). Esa idea central se desarrolla por los buenos de Joel y Ethan (respectivamente director y productor, según las sempiternas indicaciones de los créditos) en un auténtico alarde de sabiduría narrativa: partiendo de cánones de raigambre eminentemente subjetivista –todo el metraje se narra exclusivamente desde el punto de vista del autor interpretado por un pasmado John Turturro-, se pasan por el tapiz influencias literarias  tan clásicas como el mito fáustico o el teatro del absurdo, así como los habituales referentes de novela negra, y los Coen describen con hipnótico talento el casi literal descenso a los infiernos a que se ve abocado el protagonista por mor de las decisiones que con la menor de las convicciones emprende. Lo que resulta más estimulante es que el filme despliega su tapete de extravagancias discursivas con tan acerada capacidad para la interrelación y la fluidez (méritos que emanan de un prodigioso y milimetrado guión) que el espectador sólo puede entender que está asistiendo a la resolución de una ecuación imposible, y que despacha en escena ese cúmulo de elementos con tanto talento que hace creíble la opresión y el sufrimiento que sin duda se hallan en el meollo del discurso. Sin tratarse para nada de un filme comprensible, aquí las artes de los Coen no se embarullan, sus improntas personales no aparecen fragmentadas, sus piruetas visuales no se limitan al alarde formal: todo en Barton Fink es hermético, y aunque el tono constante del filme esté impregnado de ese gusto por la escenografía freak tan caro a la filmografía de los Coen, ello no resulta óbice (es más, coadyuva) a transportarnos por las abismales y corrosivas sendas temáticas que se tratan.

 

En el habitual gusto por la definición extrema de los personajes en liza, en Barton Fink resultan impagables las hiperbólicas interpretaciones, no sólo de Turturro, sino del elenco de secundarios, John Goodman, Michael Lerner y John Polito.