LOS SIMPSON, LA PELICULA

Escrito por voiceover 31-07-2007 en General. Comentarios (0)

 

 

 

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T.o.: The Simpsons Movie.

Director: David Silverman.

Guión: Matt Groening, James L. Brooks, Al Jean, Ian Maxtone- Graham, George Meyer, David Mirkin, Mike Reiss, Mike Scully, Matt Sellman, John Swartzelder, Jon Vitti.

Intérpretes: Dan Castellaneta, Julie Kavner, Nancy Cartwright, Yardley Smith, Harry Shearer, Hank Azaria, Albert Brooks.

Música: Hans Zimmer (tema original de la serie de Danny Elfman).

EEUU. 2007. 88 minutos.

 

Ha tenido que pasar más de un lustro, y el empuje de hasta una quincena de guionistas, para poder tener presta y dispuesta a estreno la versión cinematográfica de esta una de las series más celebres (y vitoreadas) de la Historia de la Televisión. A estas alturas poco queda por decir de ese sustrato, la serie animada de corte satírico creada por Matt Groening en 1989 y auspiciada por James L. Brooks, de la que se llevan emitidas en televisión más de dos decenas de temporadas. Quien esto suscribe se declara rendido admirador del mordiente impreso en la letra e imágenes del sinfín de capítulos inolvidables en los que el espectador ha recibido poco menos que descargas eléctricas en esa descripción en clave de sorna del american way of life y en las filigranas hilarantes con las que se va perfilando una mirada genial sobre temáticas tan poco triviales como puedan ser la familia, la educación, el sistema laboral, las drogas, la muerte o la religión.

 

No voy a convertir esta reseña en un repaso del refulgente bagaje de la serie televisiva, me centraré en lo que aquí me corresponde, el análisis de esta versión cinematográfica que llegó a los cines españoles el día 27 de julio de este 2007. Y lo primero que se me ocurre decir es que, a grandes trazos, Los Simpson (película) es más de lo mismo, un superepisodio, o, si quieren, tres episodios bien engarzados y que dejan patente buena parte de las enseñas narrativas del sustrato televisivo así como participan de tan altas cotas de inspiración como algunos de los (muchos) inolvidables episodios que vimos en formato catódico.

 

El argumento parte de una trama de ecos ecológicos, tan desopilante como quepa imaginar: Homer vierte un residuo tóxico al río de Springfield, residuo que significa la gota que colma el vaso de podredumbre; ante esa hecatombe, los poderes públicos deciden aislar textualmente el pueblo –encerrarlo en una enorme cápsula-, y más adelante, vista la posibilidad de la familia Simpson de huir de esa jaula de cristal, toman la decisión de borrar Springfield de la faz de la tierra… Con el juego de esa premisa, del primer al último minuto de su metraje el filme dirigido por David Silverman ofrece al espectador todo lo que podía prometer: la perfecta conjunción entre un dinamismo indómito en el despacho de la narración y un interminable acervo de acerados retratos sociológicos, guiños de todo pelaje y soluciones metanarrativas del mejor calibre.

 

El prólogo, que se erige en primer gag genial de la película, nos presenta a los desopilantes Rasca y Pica (esos trasuntos salvajes de Tom y Jerry, engendrados desde los más hiperbólicos cánones de Tex Avery) en una secuencia que diríase arrancada de un filme de ciencia-ficción de serie B de los años cincuenta. El gadget se interrumpe desde las plateas, donde la familia Simpson está visionando el filme (sic), y Homer se queja de que “esto ya puedo verlo por la tele”: así queda referenciada, antes de los créditos iniciales, la autocrítica que se merienda el cliché de la más fácil crítica.

 

La única diferencia sustancial entre The Simpsons Movie y la serie televisiva es del todo lógica, radica en el acabado formal, más esmerado, que se hace plausible en la profusión de diversas secuencias que juegan con las posibilidades de lo panorámico para atraer la atención del público más joven y palomitero desde la espectacularidad de planos imposibles y pursuits diversos. ¿Empece la calidad de la película? Rotundamente no. En la inmensa picota narrativa que tamizan los avatares de la familia de color mostaza se medita continuamente sobre la quintaesencia de las relaciones entre personajes (la campante mediocridad espiritual de Homer, sus tira y afloja con Marge, y la decepción que despierta en el sentimiento filial de Bart; la prolongación sentimental de la rareza de Liza; la inteligencia instintiva y superior de la pequeña Maggie…) y se sintetiza con agudeza el trazo de relato colectivo/sociológico (Springfield es uno de los microcosmos más bien definidos y prolíficos en su descripción unitaria que nos ha dejado la historia de la Televisión …y ahora del Cine). Los guionistas saben que no cabe defraudar a un público acostumbrando a las hombradas narrativas, y se aprecia un formidable esmero por dotar a cada secuencia de su pintoresca fechoría, su particular punzada a la convención, a la corrección y al establishment. Me quedo por ejemplo con la larga secuencia del desnudo de Bart, con las brillantes invectivas que se lanzan a la Disney –impagable la parodia de la Blancanieves, pero también la broma a costa de Mickey Mouse-, o con aquel plano en el que del modo más gráfico que imaginarse pueda se plantea el papel intercambiable que la religión y el alcoholismo pueden tener en situaciones desesperadas.

 

En fin, que The Simpsons movie es una película que cabe recomendar sólo a los seguidores de la serie. Que deberíamos ser todos.