EL TREN

T.o.: The Train.
Director: John Frankenheimer.
Guión:Franklin COen y Frank Davis, basado en la obra de Rose Valland.
Intérpretes: Burt Lancaster, Paul Scofield, Jeanne Moreau, Suzanne Flon, Michel Simon, Albert Rémy, Charles Millot.
Música: Maurice Jarre.
Fotografía: Jean Tournier, Walter Wottitz.
EEUU. 1964. 107 minutos.
Aunque su responsable artístico inicial fuera Arthur Penn, finalmente hay que atribuírle a John Frankenheimer la autoría de esta trepidante película de acción, por derecho propio ocupando un lugar privilegiado en la interesante carrera del realizador de El hombre de Alcatraz.
The train narra los avatares de la resistencia francesa para impedir el traslado a Berlín desde Paris de una monumental colección de obras maestras de la pintura, en el contexto de los últimos días de la ocupación nazi en nuestro país vecino. Con ese punto de partida, y un metraje de aspecto austero y ritmo trepidante –que bordea limpiamente la línea entre los géneros de intriga y de aventura-, la película opta por una visión partidaria pero nada complaciente de la lucha encarnizada entre el ejército de Hitler y los reductos humanos más o menos organizados contra la invasión del Reich.
Del propio sustrato argumental –y de las exigencias de Burt Lancaster, también productor, y que para la ocasión nos obsequia con otro de sus auténticos tour de force acrobáticos- emerge una narración marcada por su fisicidad, tangible en el planteamiento de las secuencias de acción –resueltas con envidiosa facilidad por Frankenheimer, en ocasiones de forma expeditiva (la sumisión del oficial alemán que viaja en la locomotora, resuelta en tres cortos planos), otras de forma ostentosa y espectacular (los bombardeos, el choque de trenes)- así como en el seguimiento de las peripecias del protagonista, que se harta de correr, trepar, saltar, y jugar al gato y el ratón con los alemanes.
Pero The train no obvia otra vertiente, llamémosla intimista, de reflexión sobre los acontecimientos narrados –una vertiente que sí se obviaría, o aparecería falseada hasta el insulto en una producción mainstream similar realizada en la actualidad-, encauzada a través del atractivo que despierta el antagonista del héroe, el coronel alemán encarnado por Paul Scofield (cuyo talante se nos revela en la primera escena de la película, y llegará a la última consecuencia), y sobretodo a través del brutal desenlace de la historia, que no hace concesiones a la hora de retratar el horror y el nonsense que obligatoriamente conllevan las guerras.
Y es que The train es un peliculón, y allende las consideraciones anteriores, las magistrales composiciones de la cámara y la luz para mostrar la locomotora y el vapor que emerge de ella bastarían para justificar su ineludible visionado.