INDIANA JONES Y LA ULTIMA CRUZADA

T.o.: Indiana Jones and the Last Crusade.
Director: Steven Spielberg.
Guión: Jeffrey Boam, basado en una historia de George Lucas y Menno Meyjes.
Intérpretes: Harrison Ford, Sean Connery, Alison Doody, John Rhys-Davies, Denholm Elliott, River Phoenix, Julian Glover.
Música: John Williams.
Fotografía: Douglas Slocombe
EEUU. 1989. 126 minutos.
Brillante rúbrica (hasta que se estrene, al parecer en mayo de 2008, la cuarta entrega) de una de las sagas aventureras capitales de la historia del cine. Para la ocasión, Spielberg disipa “oscuridades temáticas” y vuelve a retomar el esquema argumental de la primera película (con identidad de personajes buenos y malos –porque los nazis, no lo duden, son un personaje-, identidad de excusa sagrada argumental, y de clímax bigger than life), pero con un añadido con tanto peso específico como el personaje del padre de Indiana, maravillosamente encarnado por Sean Connery, y que coadyuva en buena medida al tono intencionadamente más cómico que ostenta esta tercera parte (quizás Spielberg quería vengarse de los rituales tétricos de temple of doom). Connery, en su rol de Henry Jones, recoge de igual forma el entorno emocional del héroe, en detrimento de la heroína, que en esta ocasión se revelará distinta a las anteriores. Otro añadido, asumido como prólogo, es la set-pièce en flash-back que narra la primera aventura de Indy, acaecida en su adolescencia como boy-scout (el papel del héroe lo interpretó el malogrado River Phoenix, y las imágenes adoptan una justa medida entre la épica en ciernes y el humor casi slapstick).
Si bien Spielberg dirigió entre la segunda y esta tercera entrega, entre 1984 y 1989, tres películas que se apartaban de los cánones que crítica y público habían otorgado al llamado Rey Midas de hollywood, y que se desmarcaban un poco (Always) o mucho (The purple color, Empire of the Sun) del mainstream de Hollywood, en esta Last Crusade el realizador sabe retomar lo exitoso de sus métodos visuales, si bien se atisban mecanismos mayor interés en generar destellos de emoción. Por otra parte, Spielberg, que por segunda vez le da imágenes a un buen guión pero que no resiste la comparación con el de Lawrence Kasdan para Raiders, parece mimar sobremanera la coreografía de las secuencias de acción a partir de un montaje más denso que juega más con los primeros planos (se nota por ejemplo en la secuencia del asalto al tanque alemán).
John Williams no falta a la cita y nos entrega una vez más una banda sonora carismática, que no necesita renunciar a la melodía por excelencia del mito para entregarnos otros movimientos de bellísima manufactura.
Ahora que ya han transcurrido más de veinte años del estreno de ET, que cada vez hay menos críticos que se atrevan a cuestionar la maestría del director, ahora que Spielberg ya saldó sus cuentas con la academia de Hollywood con los Oscar de Schindler’s List y de Save Private Ryan, y que nos ha entregado películas tan impresionantes como las citadas o A.I., Catch me if you can o Munich, me parece que la edición en DVD y el visionado de esta mágica trilogía aventurera nos colocan en un buen momento para saludar al director de Jaws como uno de los realizadores norteamericanos más imprescindibles de los últimos treinta años.