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JUEGOS SECRETOS

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T.o.: Little Children.

Director: Todd Field.

Guión: Todd Field y Tom Perrota, basado en la novela de Tom Perrota.

Intérpretes: Kate Winslet, Patrick Wilson, Jennifer Connelly, Noah Emmerich, Jackie Earle Haley, Phyllis Sommerville.

Música: Thomas Newman.

Fotografía: Antonio Calvache.

Género: Drama. EEUU. 2006.

Duración: 132 minutos.

 

 

Cuando hará unos cuatro años visioné In the bedroom, la opera prima de Todd Field, recogí impresiones más bien encontradas: me pareció de lo más interesante su minimalismo y su laconica narrativa, progresivamente devoradora, así como la voluntad de estilo de su realizador, que lograba arrancar auténticos destellos de fascinación; por el contrario, cierto quiebro de ritmo y contenidos en los últimos compases daban al traste con la contención previa y transitaban hacia cierta sordidez discursiva acaso un pelín pretenciosa.

 

Vaya por delante que Little Children -¿qué costaba titularla por su nombre en castellano? Os lo diré: probablemente se arguye que los padres la confundirían con una película para ver con sus hijos; en fin...- es una película más redonda que su predecesora, y con la que, a pesar de las diferencias temáticas, mantiene un correlato formal en su esmero escénico y en la capacidad para la sugestión de no pocas situaciones que plantea (y el modo en que Field las aborda).

 

Adaptando una novela de Tom Perrota (autor literario y director comparten el mérito de la adaptación), Little Children es un filme con (más bien falsa) apariencia de coral, en la que, mediante las narraciones más o menos cruzadas de los sinos emocionales de diversos personajes que residen en un mismo barrio adinerado de las afuera de Nueva York, efectúa un a menudo acerado sumario de los vicios y miserias de la moderna burguesía y, aún más, una ávida parábola del sentido trágico dimanante de esas crisis de valores. En ese sentido de tesis, y sin que las suponga referentes, el filme me recuerda poderosamente algunas de las obras de Paul Thomas Anderson o de Sean Penn, de éste último principalmente The Crossing Guard y The Pledge, películas que afrontaban de modos opuestos el sentido de la redención y al respecto de los que Little Children podríamos situar en una audaz equidistancia.

 

El filme se abre a sus personajes mediante una sucesión de set-piéces bien concatenadas y finalmente compiladas con sabia coherencia. La premisa de la relación incestuosa entre los dos padres que se mantienen más bien ociosos al cuidado de sus niños mientras sus parejas “llevan el pan” va revistiéndose, constante el metraje, de un inteligente cinismo expositivo –en el que resulta interesante una equiparación de sexos, circunstancia contemporánea que el filme hace plausible-, mientras que, en un extremo opuesto de la narración (poniendo las etiquetas que el filme denuncia, la de los culpables que se contraponen a los inocentes) un paidófilo incapaz de controlar sus malsanos impulsos y un expolicía acuciado por una rabia mal reprimida que proviene de su sentido de culpa deben lidiar con nada más y menos que su propia condición. El filme arroja a todos los personajes a su encrucijada, pero sólo aquéllos que están aturdidos por el más hondo dolor (o culpa) abrazan una catarsis, mientras que los otros (quizá precisamente por esa falta de urgencia emocional) son incapaces de afrontar sus decisiones con entereza o incluso con la más elemental madurez (el ejemplo de Brad –Patrick Wilson- está resuelto con especial saña).

 

En las sugerentes coordenadas narrativas que Perrota promovía con su novela (y guión) Field sabe alcanzar algo difícil, un voluntarioso desasimiento de tono, presto a mixturar lo dramático con lo risible o satírico, sin que el ritmo o la fuerza expositiva se resientan un ápice. Asimismo, el gusto por la planificación y el detalle en el apartado escénico nos depara diversos momentos cinematográficos que no pueden catalogarse por menos que brillantes. Destaco una larga secuencia que podríamos decir que casi contiene el epítome del filme, aquélla en la piscina en la que la cámara se acerca con suavidad al juego de seducción para pasar a la descripción del auténtico peligro que, tan inopinadamente como las imágenes en nuestra retina, se ha colado en las tranquilas y asépticas aguas de una piscina en la que los niños se ríen y chapotean.

 

       

 

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